Una mirada más real sobre la inteligencia emocional

Una mirada más real sobre la inteligencia emocional
     
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el objetivo de la inteligencia emocionalUno de los conceptos equivocados sobre el objetivo de la inteligencia emocional es cree que la meta es evitar que las situaciones que nos afectaron vuelvan a suceder.

Si, por ejemplo:

  • Un(a) jefe(a) se frustra porque su equipo de trabajo no va a la velocidad que le gustaría. Entonces es probable que espere que no se retrasen en el futuro.
  • Una madre o padre se enoja porque su hijo(a) no tiende la cama. Entonces seguramente esperará que a partir de ese momento mantenga su cuarto ordenado.
  • Una persona se siente culpable por no haber terminado los pendientes que había programado para su día. Entonces querrá empezar a cumplir con todo lo que se propone de ahora en adelante.

¿Suena bastante evidente, verdad?

El objetivo de la inteligencia emocional

El problema es que esa expectativa se aleja de la realidad. Pues es muy probable que lo que ocurrió en el pasado vuelva a suceder en el futuro.

De hecho, siendo más específicos: lo que sucedió la semana pasada muy probablemente ocurrirá durante esta semana.

Esto quiere decir que, en base a los ejemplos anteriores:

  • El equipo avanzará a una velocidad distinta a la que al jefe le gustaría en, al menos, una ocasión y, posiblemente, en muchas más.
  • El hijo no tenderá su cama, tal vez al día siguiente sí; pero en los siguientes días habrán algunos en los que no lo haga.
  • La persona dejará pendientes sin cumplir. Por más que se esfuerce habrán días donde no podrá lograr todo lo que se propone.

Son múltiples razones por las que, por más que nos gustaría, aquello que no queremos que suceda, ocurrirá.

¿Por qué la meta no es evitar que vuelva a suceder de forma inmediata?

Una de ellas es porque, para empezar, no controlamos todo lo que nos rodea. Otra razón es porque las personas actuamos en base a hábitos; los cuales toman tiempo cambiar.

Y, evidentemente, aún cuando logramos cambiar nuestros hábitos, siempre habrá un riesgo de «recaer» o, simplemente, olvidarlos temporalmente.

En ese sentido, si nuestra expectativa es que las cosas que nos afectan no vuelvan a ocurrir, probablemente nos decepcionaremos una y otra vez.

No solo eso, la expectativa no cubierta hará que, con el tiempo, perdamos el control de nuestras emociones y reaccionemos de forma impulsiva.

Lo cual, a su vez, elevará la probabilidad de que las cosas que no nos gusten sigan ocurriendo.

Por esa razón, cuando hablo sobre inteligencia emocional, menciono que el objetivo no es que aquello que nos desequilibró desparezca.

La meta es responder de manera diferente la próxima vez que aparezca.

Esto quiere decir que:

  • En lugar de preguntarnos, «¿cuándo será el día en que mi equipo avance como me gustaría?» podríamos preguntarnos «¿cómo puedo mantener la calma la próxima vez que perciba que están yendo lento para lograr comunicar lo que realmente me gustaría y lograr así un mejor entendimiento mutuo?».
  • En lugar de preguntarnos, «¿cuándo será el día que mi hijo(a) tienda su cama sin que tenga que volver a repetírselo?» podríamos preguntarnos «¿de qué forma puedo responder la próxima vez que mi hijo(a) no tienda su cama para fortalecer nuestro vínculo y elevar la probabilidad de que -poco a poco- forme ese hábito?».
  • En lugar de preguntarnos, «¿cuándo será el día en que cumpla todo lo que me proponga?» podríamos preguntarnos «¿cómo puedo cambiar de perspectiva la próxima vez que sienta que no he avanzado lo suficiente para terminar el día con más satisfacción y, sobre todo, empezar el siguiente con energía?».

En pocas palabras, al reconocer que es probable que aquello que nos frustra vuelva a suceder podremos enfocar nuestra atención en lo que realmente podemos controlar: la forma en que respondemos cuando ocurre.

«¿Entonces siempre tendré que lidiar con aquello que me frustra?» – podrías preguntarte.

Qué podemos esperar

La respuesta, en mi opinión, tiene dos perspectivas.

  1. Por un lado, en la medida en que respondamos de forma asertiva ante aquello que nos desequilibra podemos tomar las decisiones, hacer las comunicaciones y realizar los cambios necesarios para que poco-a-poco deje de suceder o, al menos, suceda menos seguido.
  2. Por otro lado, si bien, con el tiempo – y una correcta gestión emocional – podremos reducir algunas situaciones no deseadas; conforme crezcamos aparecerán nuevas de ellas en la vida. Es decir que, si bien los desafíos cambiarán, siempre existirán.

De ahí que, lejos de esperar que no sucedan. Lo más importante es que podamos fortalecer nuestro equilibrio emocional para poder manejarlas de mejor forma cuando sucedan.

Lo interesante es que cuando una situación difícil ya no nos desequilibra, la necesidad de que no vuelva a ocurrir se reemplaza por la confianza de que podremos salir victorioso de ella.

De eso se trata realmente el equilibrio emocional.


Nelson Portugal

Nelson Portugal es Consultor en desarrollo personal, fundador del Centro de Crecimiento Integral y autor del libro El Círculo de Crecimiento. Se ha especializado en el diseño de programas formativos dirigidos a jefes y gerentes. Ha sido profesor universitario de la carrera de psicología. Actualmente asesora a empresarios a crecer sus negocios a la vez que disfrutan más de la vida.
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